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Construido en 1571 y restaurado recientemente, este palacio se ha convertido en uno de los establecimientos más exquisitos de la isla. Rodeado de cuadros, esculturas y antigüedades, el huésped tiene la sensación de alojarse en un museo privado. Los propietarios de este hotel han conseguido crear un espacio único en el corazón de una ciudad mediterránea como Palma, donde pasear por sus salones, bañarse en la única piscina cubierta del barrio gótico, leer junto a la chimenea o escuchar el susurro de una fuente se conviertan en una experiencia irrepetible. Dispone además de un solarium desde el que se puede disfrutar de una vista panorámica de la Bahía de Palma y de la Catedral, todo ello enmarcado por un azul infinito en el que resulta imposible saber dónde acaba el mar y donde empieza el cielo. Un lugar ideal para pasar la noche de bodas.
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